Glaucoma

Fiebre, dolor, picor, enrojecimiento, náuseas, visión borrosa… son todos signos y síntomas de que algo no está bien. Nos avisan que una infección, una inflamación u otra patología están presentes. Un reto para los médicos, quienes deben saberlos interpretar para hacer un diagnóstico precoz y aplicar un tratamiento oportuno. Pero el verdadero reto es prevenir las enfermedades antes de que aparezcan síntomas. Esto último es lo que hacemos, por ejemplo, cuando vacunamos a los niños con el propósito de mejorar su inmunidad frente a una infección concreta.

Pero hay algunas enfermedades que a veces no dan síntomas o lo dan demasiado tarde. Es el caso dramático del ejecutivo joven que cae fulminado por un infarto, o el de la persona que llega al oftalmólogo por primera vez en muchos años y le dicen que tiene un glaucoma.

Vision con GlaucomaVisión con glaucoma

El glaucoma es la pérdida de fibras nerviosas de la retina, las encargadas de llevar la información visual al cerebro. Estas fibras nerviosas mueren por un mecanismo que no se conoce del todo y que es desencadenado por una “presión alta” dentro del ojo. Esta presión intraocular elevada, normalmente, no produce síntomas ni duele. Su consecuencia es la muerte de miles de estas fibras y es muy difícil de detectar por el paciente, pues mueren de forma paulatina. Primero lo hacen las encargadas de la visión más periférica, y poco a poco las más centrales hasta que el paciente en estados avanzados llega a tener una visión como a través de un túnel; al final el túnel se queda sumido en total oscuridad. El glaucoma es para las fibras nerviosas de la visión un asesino perfecto: silencioso e implacable. Por eso su diagnóstico es muchas veces tardío y las consecuencias son irreversibles, pues el tejido nervioso no se regenera. La única forma de detectarlo es la revisión oftalmológica minuciosa y completa. En este enlace encontrarás la información más completa y contrastada de oftalmología que hay en internet.

Vision sin glaucomaVisión sin glaucoma

Los parámetros que se investigan son principalmente la presión intraocular, especialmente la tomada por contacto, que está sujeta a menos errores que la de aire, la observación del nervio óptico por parte de un oftalmólogo experto, la realización del campo visual y el estudio de fibras nerviosas de la retina. En pocos minutos el especialista es capaz de sospecharlo. Por eso es indispensable que todas las personas se hagan, al menos, una revisión oftalmológica anual. No basta con la visita al optometrista para revisarse la visión y ajustar las gafas. La Optometría y la Oftalmología (a menudo la gente las confunde) son profesiones totalmente diferentes, aunque ambas trabajen con la visión. El optometrista no es médico. El diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades visuales como el glaucoma corresponden al médico especialista en oftalmología.

Texto: Dr. Pablo Bohórquez Rodríguez